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Categoría: Parrafadas propias

Insólitos

Más allá de los resultados conocidos, las elecciones generales del 28 de abril serán recordadas por la fragmentación de la derecha política española, algo insólito durante el último periodo democrático español desde la victoria socialista de 1982, durante el cual la derecha de gobierno ha mantenido un bloque compacto en torno a Alianza Popular, germen del Partido Popular, existiendo siempre un resto residual. Ya en las elecciones de finales de 1933 las posiciones reacias se aunaron en torno a la CEDA con el objetivo de subvertir las reformas que durante el bienio social-azañista habían causado malestar en los estratos más conservadores de la sociedad. Fue justo en estas elecciones, que darían paso al llamado bienio radical-cedista (bienio negro para los otros), cuando la predilección de la izquierda por la fragmentación comenzaría su peregrinación (los socialistas y los republicanos acudieron a la cita de 1933 por separado, incapaces de prever lo que venía por el otro lado, y eso se ha mantenido durante muchas convocatorias recientes entre los socialistas del PSOE y los republicanos de Izquierda Unida). Pero por primera vez en mucho tiempo el carril de la derecha ha estado atorado, lleno de mensajes superpuestos, muchos iguales pero distintos. Pablo Casado, consciente de que su partido estaba en una situación desastrosa, planteó al resto de partidos de su ala la convocatoria conjunta. Lástima para él que todos también tenían claro de dónde venía el Partido Popular, y por eso mismo rehusaron y entonaron cánticos contra el árbol caído. Y así, la histórica fragmentación de la izquierda se invirtió, tanto que el ganador, el PSOE, se plantea gobernar en solitario con el treinta y cinco por ciento de los escaños de la cámara baja, algo insólito.