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Histórico de julio de 2015

Como se ha visto, en las tertulias de su Majestad…

Como se ha visto, en las tertulias de su Majestad nadie podía vanagloriarse de tener ascendiente absoluto y constante. Unos días privaba éste, otros aquel, según las voluntades recónditas y jamás adivinadas de un monarca que debiera haberse llamado Disimulo I. Además, aquel discreto Príncipe, que así delegaba su autoridad y democráticamente compartía el manto regio con sus buenos amigos, como compartió San Martín su capa con el pobre, no tuvo realmente favorito, no dio su confianza a uno solo, elevándole sobre los demás; jugaba con todos, suscitando entre ellos hábilmente rivalidades y salutífera emulación, con lo cual estaba mejor servido, y los destinos y prebendas más equitativamente repartidos. De lo que anteriormente he contado puede dar fe un ministro de Su Majestad por aquellos años, el cual, en papel impreso muy conocido, dice, blasonando de rigorista y de censor:

“…pero lo peor es que por la noche da entrada y escucha a las gentes de peor nota y más malignas, que desacreditan y ponen más negros que la pez, en concepto de Su Majestad, a los que le han sido y le son más leales…, y de aquí resulta, que, dando crédito a tales sujetos, Su Majestad, sin más consejo, pone de su propio puño decretos y toma providencias, no sólo sin consultar con los ministros, sino contra lo que ellos le informan… Esto me sucedió a mí muchas veces y a los demás ministros de mi tiempo… Ministros hubo de veinte días o poco más, y dos hubo de cuarenta y ocho horas; pero ¡qué ministros!”

Benito Pérez Galdós – Memorias de un cortesano de 1815