Skip to content

Histórico de septiembre de 2015

La defensa de lo indefendible

Resulta fantástico defender lo indefendible. Para el defensor supone un ejercicio de imaginación y retórica que, seguramente, le superan, pero al que se lanza con denuedo, cuerpo tenso, dedo índice al viento y brazo en escuadra. No hay reproche ni debate posible: es axioma y lo que no requiere demostración no permite réplica, ni derecho a, porque lo indefendible navega al viento entre iguales con ligereza, y si usted difiere pedrada al canto. Lo que ha sido debe seguir siendo, y pare usted de discurrir, porque si la tradición proviene del medioevo o de las tablas de Moisés ya tiene capa con la que cubrirse. Pero el tiempo pasa, y los ataques furibundos se suceden, y cuando por fin todo queda en su sitio lo indefendible troca en absurdo, en inconcebible, en una aberración. ¿Cómo era posible fumar en la consulta del médico? ¿Cómo se podía lancear a un toro por tradición?